En imágenes y objetos, en fotografías y películas, en los cuadros de realidad o ficción se encuentran estructuras constantes, líneas, círculos, bifurcaciones, espirales, abstracciones base de todas las formas materiales. Estas nos recuerdan que todo hace parte de todo, que como individuos somos el reflejo de otros individuos y cosas, que los macrocosmos y los microcosmos son juegos de escalas, que todo está unido de alguna manera y como dice el científico Neil deGrasse Tyson estamos hechos del material de las estrellas. Villabón, logra captar lo esencial, éstos elementos nucleares, éstas líneas de luz. Y qué mejor que el agua, de la que todos venimos y a la que todos vamos, como elemento del que se abstraen líneas
fundamentales del movimiento, del fluir del mundo y de nuestra vida; mares y ríos nos reflejan, nos delatan. Pero en este artista, hay un elemento que perturba ésta armonía fundamental, hay algo generado por el hombre que distorsiona lo simétrico y constante, ese material omnipresente en nuestras vidas, ese recurso que nos salva y nos condena. Pero no se trata de hacer denuncias explícitas, no se trata de hacer campañas sociales o
políticas, esa no es la labor de su obra. Su obra sobre todo sugiere, nos refleja, es el espejo más elaborado en el que vemos nuestras bondades y nuestras fisuras, lo sólido y lo líquido.
Como elementos del cosmos, estamos determinados por las tensiones, contradicciones y oposiciones que caracterizan la vida natural, nuestra capacidad de modificar el entorno debido a la inteligencia no puede escapar de las paradojas de la vida, de la dialéctica que permite que
todo fluya, que todo se transforme. Para que haya movimiento se necesitan choques, colisiones, después de toda síntesis aparece una fuerza que se opone.
Figuras, pescadores, niños curiosos, viajeros, animales que buscan sobrevivir, guiados por el flujo del mar y del río pero a la vez modificadores o determinadores de su movimiento, de su constancia, de su aparente armonía, eso sí, siempre más débiles que la portentosa naturaleza. Y sí, nuestras creaciones modifican la creación y la reflejan, una materia prima modifica la naturaleza porque el hombre modifica la naturaleza, no podemos escapar a la distorsión porque somos la distorsión y también hacemos parte de la armonía. La paradoja es el elemento constitutivo de la vida y Villabón lo sabe muy bien; sigue manejando su técnica con maestría. En este autor no hay solo conceptos, hay mucho trabajo físico.